La generación de dibujantes españoles de posguerra puso en órbita la industria del cómic y de las portadas de novelas de kiosco en nuestro país. La mayoría empezó en editoriales y agencias que trabajaban para publicaciones nacionales, pero dieron el salto internacional gracias a los encargos más lucrativos que llegaban del extranjero. Entonces se vivió una paradoja fascinante. Muchos alcanzaron la fama más allá de nuestras fronteras, mientras seguían siendo profesionales anónimos en España. Uno de los más reconocidos fue Manuel Prieto Muriana, quien desde su estudio en Madrid realizaba impactantes portadas para novelas de detectives, espionaje, terror y, sobre todo, del oeste. Su historia refleja las ambiciones de un joven solitario que se trasladó a la capital desde una ciudad de provincias para dedicarse a un oficio que le apasionaba y ha sido testigo de los cambios del mercado editorial de las últimas siete décadas. Este portafolio ofrece un repaso a las grandes leyendas del western que han marcado su carrera. Ocho láminas que reflejan un universo repleto de pistoleros, forajidos, paisajes desérticos y caballos salvajes que siguen galopando en la imaginación de los lectores.