Ahora me perteneces. Puedo engañarte. Puedo romperte.
Él es misterio, peligro y pasión. Es un pecado prohibido.
Y ahora puede destruir todo aquello que me importa.
El Fae Oscuro no me dijo su nombre cuando intentó seducirme, ni cuando arruinó uno de mis encargos y me arrebató algo que me pertenecía: una peligrosa reliquia con un poder ilimitado. Un objeto con la habilidad de destruir reinos… y derrumbar las paredes que separan el mundo humano de la temible y salvaje magia de los fae.
Él es consciente de que haría cualquier cosa por proteger a mi familia, incluso acompañarle al otro lado de la frontera hacia su tierra.
A los mortales no se nos permite entrar en el Reino Obsidiana. A los que descubren, los condenan a muerte... o los convierten en rehenes. Meros juguetes para el Rey Oscuro y su familia.
Entraré en su juego para entender las reglas… y así poder romperlas.
Y, después, recuperaré lo que es mío y conseguiré mi venganza. No todas las mortales son flores delicadas. Algunas tienen espinas.